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Ja fa uns mesos que vaig fent tasts literaris sense trobar cap que em faci el pes. Però, l’altre dia, les coses van canviar, vaig topar amb un llibre titulat La (des)educación de Noam Chomsky. L’educació és un tema que des de fa un temps em preocupa, bé… Potser el verb apropiat seria interessa i, havia sentit a parlar més d’una vegada d’aquest lingüista nord americà. Tenia curiositat per saber què deia així que, vaig pensar que era una molt bona ocasió per poder endinsar-me en el món de Noam Chomsky.

El llibre encara no l’he acabat de llegir, per no dir que l’estic començant, però he recollit alguns fragments en el que porto de llibre que m’han fet reflexionar força i, no m’he pogut estar de compartir el que he llegit amb la gent que passi per aquest petit racó del món.

En el caso de la enseñanza, se trata de los estudiantes; no hay que verlos como un simple auditorio, sino como elemento integrante de una comunidad con preocupaciones compartidas, en la que uno espera poder participar constructivamente. Es decir, no debemos hablar a, sino hablar con. […]

Los estudiantes no aprenden por una mera transferencia de conocimientos, que se engulla con el aprendizaje memorístico y después se vomite. El aprendizaje verdadero, en efecto, tiene que ver con descubrir la verdad, no con la imposición de una verdad oficial; esta última opción no conduce al desarrollo de un pensamiento crítico e independiente. La obligación de cualquier maestro es ayudar a sus estudiantes a descubrir la verdad por sí mismos, sin eliminar, por tanto, la información y las ideas que pueden resultar embarazosas para los más ricos y poderosos: Los que crean, diseñan e imponen la política escolar.

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Antes sugerí que los más señeros intelectuales de nuestro país serían incapaces de nombrar ni un solo de los bien conocidos disidentes de las tiranías controladas por los Estados Unidos, como por ejemplo la de El Salvador. Sin embargo, estos mismos intelectuales sabrían proporcionarte una larga lista de disidentes de la antigua Unión Soviética. Y tampoco les supondría ningún problema el distinguir las mentiras, deformaciones e incongruencias que sirven para evitar que la población de los regímenes enemigos conozca la verdad. Pero esa capacidad crítica que utilizan para desenmascarar las falsedades difundidas en los estados “delincuentes” se esfuma cuando se trata de criticar a nuestro propio gobierno o a las tiranías que apoyamos.